Cada servicio de Wonder Fiz sigue la misma secuencia. Cambia el horizonte, la tasa y el capital, pero el orden de los pasos se mantiene para que puedas comparar escenarios sin perder de vista de dónde sale cada número.
Antes de calcular nada, se fija el punto de partida: capital inicial, aportación periódica, plazo en años y una tasa anual estimada. Si no tienes claro alguno de estos datos, se trabaja con rangos y se ajusta después.
No es lo mismo capitalizar una vez al año que hacerlo cada mes. Se elige la frecuencia de capitalización y se decide si la tasa se mantiene fija o varía por tramos, según el tipo de inversión que estés evaluando.
Se proyecta el capital periodo a periodo, separando lo aportado de lo generado por el interés compuesto. Esa distinción es la que permite ver cuánto pesa la reinversión frente al esfuerzo de aportar cada mes.
El gráfico se revisa por tramos: los primeros años construyen la base y los últimos concentran la mayor parte del crecimiento. Ahí se entiende por qué alargar el plazo cambia el resultado más que subir la aportación al final.
Con el mismo modelo se contrastan dos o tres variantes: distinto plazo, distinta aportación o una tasa variable frente a una fija equivalente. La comparación deja claro qué supuesto mueve más el resultado final.
El escenario no queda cerrado. Cuando cambian las condiciones reales, se actualizan los supuestos y se vuelve a proyectar para ver cuánto se ha desviado la curva respecto a lo previsto.
Si quieres ver cómo se traduce esto en formatos concretos, revisa los planes disponibles o consulta el proceso completo de trabajo.
Cada bloque de trabajo responde a una pregunta concreta sobre interés compuesto: cómo se acumula, cuándo se nota y qué decisiones cambian el resultado final. No hay promesas de rentabilidad, solo modelos que podés revisar y ajustar.
Proyectamos la misma aportación a 10, 20 y 30 años para ver en qué tramo se concentra el capital generado. La curva suele sorprender más en los últimos años que en los primeros.
Dos escenarios con la misma tasa anual: un capital de arranque alto frente a sumas mensuales sostenidas. Sirve para entender cuándo se cruzan las curvas y qué pesa más según el plazo.
Mostramos el efecto de capitalizar los intereses en lugar de retirarlos. La diferencia se mide año a año y explica por qué la constancia rinde más que un aporte extra al final.
Trabajamos con secuencias de rendimiento que suben y bajan, no con una tasa fija ideal. Comparamos el resultado final con el de una tasa media equivalente para ver cuánto influye el orden de los años.
Explicamos cómo interpretar una curva exponencial sin fórmulas complicadas: pendiente, punto de inflexión y tramo final. Es el paso previo a tomar cualquier decisión de aporte.
Si querés ver el orden en que aplicamos estos bloques, revisá el proceso de trabajo. Para el contexto del equipo detrás de los modelos, pasá por quiénes somos.